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¿Consumir menos para ser feliz?


De las necesidades infinitas y la búsqueda de la felicidad.

Así como usted está leyendo este artículo, hace unos días también yo estuve haciendo zapping en la web, es decir, webeando (y por qué no si al usar el chat, uno está chateando) encontré un hecho que conmocionó la opinión internacional: era el caso de la alemana Heidemarie Schwermer, quien hace 16 años había decidido desprenderse de todas sus posesiones materiales y enfrentar la vida sin dinero.

El caso de Schwermer en nuestra sociedad consumista, por supuesto, causa gran sorpresa, ya que alguien, que no por las circunstancias sino por decisión, un día decidió quitarse peso, viviendo tan sólo cual caracol: únicamente con lo necesario a cuestas, digna e inteligente ante todo más que menesterosa e indigente.

Pero éste no es un caso aislado. Según se sabe, una ocasión, un turista fue a visitar a un personaje que era considerado sabio y éste quedó estupefacto al ver que su casa sólo tenía una estancia llena de libros con una mesita y un banco, que eran sus únicos muebles. Y le preguntó:

- Maestro, ¿dónde tienes tus muebles?

- Y los tuyos, ¿dónde están? - replicó el maestro.

- ¿Los míos? Yo sólo estoy de paso.

- Yo también, respondió el maestro.

Ya hace más de veinte años los “yuppies” se dieron cuenta que por intentar ganar mucho dinero trabajaban demasiado, llenándose de stress y robándole horas a la vida familiar y al sueño. De ahí nació una nueva necesidad: la de vivir de manera sencilla.

Este nuevo estilo de vida se denominó Downshifting, pero lamentablemente tuvo mucho tinte New Age, por lo que quedó en buena medida supeditada a vestimenta, alimentación y demás costumbres, que al final de cuentas resultaron ser más costosas por tratarse de un nicho de mercado.

Esta actitud ante la vida no es nueva, ni mucho menos un invento de la sociedad moderna. Podemos nombre, por ejemplo, a los Filósofos Estoicos como sus principales exponentes. Epícteto decía: “El valor que damos al dinero, al estatus y a la competencia envenena nuestras relaciones personales. La vida feliz será imposible mientras no simplifiquemos nuestros hábitos y no moderemos nuestros deseos”.

En el cristianismo encontramos axiomas como: “Oh Señor, no me concedas ni pobreza ni riqueza”. En el Taoísmo se afirmaba que: “aquel que sabe lo que es suficiente, es rico” (Lao Tsé). Platón expone la necesidad de equilibrar las distintas actividades dando validez hasta a los divinos ocios. El budismo siempre ha propuesto: “el sendero del medio”, ni pobreza ni riqueza sin sentido. También Erich Fromm en el siglo XX mencionaba: “Los seres humanos lo tienen todo, pero carecen de sí mismos”.

La Felicidad es gratuita Hay “cosas” que definitivamente no se pueden comprar: la alegría, la amistad, el hogar y la cultura son definitivamente gratis. Después de todo disfrutar de un atardecer no cuesta nada.

Es cierto que existe un desequilibrio socioeconómico. Pero el desequilibrio es principalmente humano: si uno busca alimentarse –en realidad solo comer- o vestirse el mercado lo oferta, pero en qué momento dentro de esta cadena de deseos infinitos hacia cosas y personas podemos serenamente decir: “es suficiente”?

Hoy por hoy es considerado un mediocre aquel que reconoce los límites suyos frente a los otros y el entorno.

“Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco” así Epicuro pese a ser considerado hedonista por muchos, se refería a las principales virtudes humanas la templanza, la prudencia, el reconocimiento de lo necesario. Varias corrientes de pensamiento actuales plantean reducir el consumo. Después de todo, para que comprar cosas innecesarias con un dinero que ni siquiera aún se dispone? Porque tenemos muchas corbatas si al final de cuentas solo tenemos un cuello?

¿Será tal vez que el vacío interior ha hecho de nuestra existencia una lona agujereada, un costar sin asiento, un agujero negro que atrae y devora todo y en esa pretensión de llenarse de cosas va absorbiendo y disolviendo inclusive esa luz de Humanidad? Javier Hernández es director de Nueva Acrópolis Ambato, abogado y profesor universitario.

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