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¿El Espionaje, es realmente algo malo?


De Sun Tzu hasta el Caso Snowden.

Por Leonardo Santelices*

El caso de Edward Snowden, ex técnico de la CIA y de la Agencia de Seguridad Nacional y en los últimos meses empleado de un contratista de defensa, que ha decidido hacer público documentos a los que tuvo acceso en su trabajo y que estaban clasificados como documentos secretos, se ha transformado en un hecho mediático de grandes proporciones que ha llevado a diferentes gobiernos a pronunciarse de diferentes formas, evidenciando su ubicación en el escenario geopolítico mundial y a ocupar espacios en el teatro mediático.

El tema central de este caso es el espionaje, en la actualidad muy eficiente en cuanto a cantidad, debido a los medios tecnológicos con que se cuenta, se puede “filtrar” millones de correos electrónicos y llamadas telefónicas, pero esa gran cantidad de datos no significa que sean necesariamente útiles a la hora de obtener resultados de ellos, pero si significa una incursión no autorizada en la vida privada de las personas.

Esto de los espías tiene diferentes caras, desde algunas exóticas como Mata Hari hasta personajes literarios como James Bond, el personaje de Ian Fleming que además de las novelas ha animado más de 20 películas desde el Doctor No, que ya cumplió 50 años. Sin tanto glamour y de acuerdo a las posibilidades de cada cual, los gobiernos, las empresas, los partidos y movimientos políticos utilizan el espionaje, es decir, buscan enterarse de lo que está haciendo su competencia y como lo que hace le podría afectar.

¿Es el espionaje algo moderno y producto de las sofisticadas tecnologías o ha sido utilizado en otras épocas?

El estratega chino Sun Tzu, que vivió se piensa en el siglo VI a.C. aunque otros lo sitúan en el IV, dedica un tema específico al uso de los espías en su magnífica obra El Arte de la Guerra, dice que es fundamental obtener información previa antes de emprender una operación, información que permita adelantarse a los hechos antes que ocurran.

La información previa no puede obtenerse de fantasmas ni espíritus, ni se puede tener por analogía, ni descubrir mediante cálculos. Debe obtenerse de personas; personas que conozcan la situación del adversario.

Existen cinco clases de espías: el espía nativo, el espía interno, el doble agente, el espía liquidable, y el espía flotante. Cuando están activos todos ellos, nadie conoce sus rutas: a esto se le llama genio organizativo, y se aplica al gobernante. Los espías nativos se contratan entre los habitantes de una localidad. Los espías internos se contratan entre los funcionarios enemigos. Los agentes dobles se contratan entre los espías enemigos. Los espías liquidables transmiten falsos datos a los espías enemigos. Los espías flotantes vuelven para traer sus informes.

No sólo habla del uso del espionaje sino de diferentes tipos de espías y luego explica la utilidad de cada uno, quizás el pragmatismo de Sun Tzu puede resultar un poco fuerte, pero el explica que todos los medios son válidos cuando se trata de evitar la guerra y la muerte de personas. Hoy, de una u otra forma casi todos los países del mundo siguen utilizando el espionaje de diversas maneras, aunque ya sin mucha sutileza.

De todos modos el espionaje también tiene sus normas, no cualquiera puede ser espía y Sun Tzu pone sus condiciones para el uso de los espías:

No se pueden utilizar a los espías sin sagacidad y conocimiento; no puede uno servirse de espías sin humanidad y justicia, no se puede obtener la verdad de los espías sin sutileza. Ciertamente, es un asunto muy delicado. Los espías son útiles en todas partes.

Este último párrafo es de vital importancia, sin duda los medios técnicos permiten hacer un espionaje masivo e inmiscuir las narices en asuntos privados de las personas, pero no basta con tener muchos datos y con escuchar y leer lo que habla y escribe todo el mundo, lo fundamental como recomienda Sun Tzu, es tener sagacidad y conocimiento, la acumulación de datos no aporta ninguna de las dos.

Para que el espionaje sea útil, es fundamental llegar a un cierto nivel razonable de veracidad en la información y para eso las máquinas es muy poco lo que pueden aportar, para ello, Sun Tzu pide humanidad y justicia acompañada de sutileza, cosas harto difícil de encontrar en estos tiempos de la política espectáculo.

*Leonardo Santelices es fundador y director de Nueva Acrópolis en Ecuador. Dicta cursos y conferencias de filosofía desde hace más de 30 años.

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