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¡Los vegetales están de moda!


Una perspectiva filosófica sobre la alimentación del ser humano.

Los vegetales están de moda! Así como correr o hacer crossfit, los vegetales están de moda. Las costumbres de vida en Occidente han evolucionado rápidamente en los últimos años: todo lo que apunte hacia una vida “sana” es válido. De ahí un sinnúmero de corrientes alimenticias que buscan prolongar la vida del ser humano de manera saludable: ovovegetarianos, lactovegetarianos, veganos, frutivoros, y otras más.

El vegetarianismo toma fuerza y ya no es visto como una costumbre exótica. Si bien es cierto, siguen siendo una minoría - los que optan por esta tendencia- pero su voz se escucha cada día con mayor claridad. Los que comemos carne, a veces sentimos cierta culpa. ¿Pero debemos realmente sentirla? ¿Es realmente el ser humano vegetariano por naturaleza como pregonan algunos vegetarianos? Vale la pena hacerse la pregunta de manera seria y consciente, y analizar con calma la cuestión.

Pasaran 100 años más antes de que omnívoros (y no carnívoros como se empeñan en llamarlos “los del otro bando”) y vegetarianos se pongan de acuerdo. Y seguramente, dentro de 100 años, la humanidad tendrá temas de preocupación mucho más serios. Entre otros, la búsqueda de alimentos y agua que abastezca a toda la humanidad.

¿Quién tiene la razón?

En la actualidad, hay teorías científicas que respaldan las dos tendencias. Se dice tantas cosas sobre la anatomía del ser humano para respaldar la hipótesis de que somos por naturaleza vegetarianos: explicaciones sobre el tamaño de los intestinos, la forma y estructura de nuestra dentadura y otros tantos datos científicos bastante difíciles de comprender para nosotros los no-científicos. Además, el consumo de carnes también sería el causante de varias enfermedades que afectan al ser humano como algunos tipos de cáncer, la arteriosclerosis, los infartos cardiacos, incluso podría ser causante de la infertilidad masculina y las depresiones.

Pero también hay teorías que respaldan, de manera científica la hipótesis de que la anatomía del ser humana es omnívora y que, por lo tanto, es natural que el ser humano consuma carne.

Por otro lado, una de las debilidades de la dieta vegetariana radica justamente en la pobreza de una dieta focalizada en ciertos productos estrella como la soya. La soya es efectivamente un alimento barato, pero en su gran mayoría es transgénica. Además, nuestro consumo de soya se centra sobre todo en sus derivados: aceite, leche, leche en polvo, “carne” de soya entre otros. Como cualquier otro producto industrializado, pierde una buena parte de sus propiedades durante el proceso de industrialización. Finalmente, se dice que la soya contiene fitoestrógenos que podrían afectar el equilibro hormonal del ser humano.

Es importante considerar además que la mayoría de las legumbres que consumimos están contaminadas por pesticidas. En su último estudio, la Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria encontró 338 residuos de pesticidas en las legumbres que se consume en Europa. El número de pesticidas utilizados en Latinoamérica debe ser significativamente mayor.

Entonces, ¿!que comer?!

Como pueden observar, el debate no es fácil. Uno de los problemas principales es que tal debate se centra principalmente en una perspectiva materialista. Es decir que toma en cuenta solo aspectos físicos relacionados al ser humano y a los productos que consume. Olvidando que el ser humano es mucho más que un cuerpo físico.

El segundo error radica en considerar al ser humano como un animal más y por lo tanto compararlo anatómicamente con animales herbívoros y carnívoros para sustentar una u otra teoría.

Sería interesante entonces plantear una nueva perspectiva que considera al hombre desde una visión más humana y menos como un objeto.

Lo que diferencia al hombre del animal es su nivel de conciencia. Es decir que el hombre tiene capacidad de razonar y, por lo tanto, de tomar decisiones responsables.

Independientemente de todo aspecto anatómico y saludable, la realidad es que el consumo de carne en el mundo aumenta cada año. Esto implica necesariamente un aumento de la producción de animales de consumo humano. Y esto a su vez genera un aumento en la contaminación ambiental y obviamente del número de animales que terminan en el matadero.

Tal vez, la pregunta que deberíamos hacernos es si ese exceso de producción, contaminación y sacrificio de animales son justificados. De hecho, la verdadera pregunta es si estamos hablando de un verdadero sacrificio… sacro-oficio.

El verdadero sacrificio es la acción realizada con conciencia. Si nos alimentáramos de manera consciente, tal vez entenderíamos que cuando comemos carne, nos alimentamos de un ser que tuvo vida, como nosotros. De la misma manera, entenderíamos que para la producción de cada alimento –vegetal o animal- hay decenas, tal vez, cientos de seres humanos que colaboraron con su trabajo, realizado seguramente con esfuerzo y con amor.

Si tuviéramos un poco más de conciencia, tendríamos entonces mucho menos desperdicio de alimentos en los restaurantes, pero también en nuestros hogares. Tal vez entonces habría menos problemas ecológicos en el mundo. Y este sería un mejor lugar para vivir… tanto para omnívoros cómo para vegetarianos.

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