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  • Esperanza Joves

Si el tiempo es vida… ¿qué hacer este año con nuestro tiempo?


Todos los seres humanos en mayor o menor medida, estamos hoy en la búsqueda de estrategias que nos permitan planificar mejor nuestro tiempo, para poder contar con más tiempo. Pero… ¿con más tiempo para qué?

Este interrogante, nos remite a un paradigma cuya reflexión es necesaria: el tiempo, no es una medida, sino la vida misma.

Ahora bien, si de paradigmas se trata, nos encontramos en la actualidad con uno bien arraigado y es la visualización del tiempo en forma lineal, en el que un día transcurre tras otro como si fueran el mismo, entrando lenta e inconscientemente en ese letargo llamado rutina, y vamos perdiendo la capacidad de asombro frente a las nuevas experiencias y la motivación interna por aprender de ellas.

Desde que inició la era de la industrialización y se creó la necesidad de empezar a medir el tiempo en función del trabajo productivo, se perdió el concepto de la era agraria, en el que se asimilaban los ritmos de los seres humanos y de la naturaleza, en el que había conciencia de los ritmos cíclicos, sincrónicos, diacrónicos y armónicos que combinaban perfectamente la acción y el descanso, la inspiración, la apnea y la espiración. Además para este mismo paradigma actual el tiempo es energía de consumo inmediato: por lo tanto no es acumulable y mucho menos retornable por lo cual es necesario aprovechar cada unidad de tiempo llamada segundo o milisegundo? Produciendo… produciendo…

Por su carácter subjetivo, llegamos a pensar que la vida se nos va en un minuto o que para alcanzar todo aquello a lo cual aspiramos, nos hace falta una eternidad.

Lo cierto es que el tiempo es, ante todo, un enigma y no podemos controlarlo, por falta de conocimiento, de confianza en nosotros mismos y de realismo ante las situaciones.

1. Falta de conocimiento de lo que queremos en la vida – objetivos – y de lo que nos permite estructurar experiencias constructivas, porque muchas veces vivimos por vivir todo lo que se nos presenta, como si fuéramos actores secundarios en el guión de nuestra propia existencia. Porque actuamos olvidando que la paciencia como decía JAL es una forma de fe, que es necesario saber esperar porque las cosas y los acontecimientos tienen su propio ritmo y nosotros también, porque para poder ver la planta florecer es necesario sembrar la semilla y saber esperar hasta que ella germine sin estar preguntándonos una y otra vez cuándo sucederá, porque no todas las cosas dependen de nosotros y para aliarse con el tiempo y desarrollar una paciencia activa hay que volcarse en lo que sí depende de nosotros y no de los otros y en los resultados que podemos prever y controlar.

2. Falta de confianza en nosotros mismos, en nuestras decisiones, en nuestra forma de ver la vida y en nuestra posición frente a ella, porque actuamos por complacer o para ser reconocidos. Somos incapaces de decir “no” y nuestro tiempo resulta controlado en gran parte por los otros.

3. Falta de realismo, porque suponemos, nos imaginamos, pero no somos objetivos con respecto al tiempo que tardan las cosas- Creemos poder hacer un trabajo en menos tiempo de lo estipulado, consideramos innecesario tomar en cuenta los imprevistos y por lo tanto empezamos a vivir más rápido de lo que esperamos, nos aceleramos sin saber por qué ni hacia dónde. “Y la velocidad hace que todo cambie, este movimiento imparable nos produce la ilusión de estar en acción continua, pero para mantenerla hace falta una cierta velocidad física y psicológica que termina por agotar i vaciar al que vive de esta manera, lo que conduce inevitablemente a la superficialidad y por supuesto a la ansiedad que es la demostración del desconcierto y de la falta de metas estables” D.S.G.

Todo esto se relaciona con móviles que no provienen de nuestro mundo interior. Solemos movernos de manera “justificada” por:

Motivaciones de tipo fisiológico, como la famosa adicción al estrés, necesitamos dejar las cosas para el último minuto con el fin de emocionarnos artificialmente y poder salir de la vida rutinaria que llevamos. Pero… “la velocidad nos ha robado el tiempo y nos ha alejado del centro íntimo de las cosas, de las personas, de los acontecimientos”. DSG

Motivaciones de tipo cultural, expresadas en frases como estas: la gente importante nunca tiene tiempo, quisiera ir pero no tengo tiempo…. Esta cultura de lo superficial, de lo que está in y lo que está out nos obliga a rendir culto a lo novedoso y nos aleja de lo eterno, del centro de nuestra existencia.

Motivaciones de tipo psicológico, cuando aplazamos cosas que tenemos miedo de enfrentar. Cuando evadimos los problemas o autojustificamos nuestra ineficiencia. Cuando creemos que hacemos lo que queremos, cuando realmente somos esclavos de lo que desconocemos. Miedo a las dificultades, a la exigencia, al sobresfuerzo, a perder la comodidad de la estabilidad adquirida. Miedo a tomar decisiones y asumir responsabilidades. Miedo a las críticas y a la desaprobación, a no ser aceptado, a ser excluido o quedar en ridículo. Miedo a ser corregido. Miedo al fracaso, a no ser capaces de alcanzar las metas, a no responder a las expectativas, a quedar desacreditados ante los demás.

Motivaciones del tipo mal llamado existencial, o sea aquellas motivaciones en las que asociamos la libertad con la falta de control del tiempo, con el argumento favorito: la gente “in” no puede ser esclava del tiempo. Con lo planteado, podríamos concluir: si no sabemos controlar nuestro tiempo, no sabemos controlar nuestra vida. Entonces … ¿quién controla nuestra vida?. Seguramente existen muchas respuestas, La suya, la mía, la de todos aquellos que intentan leer entre líneas; pero la verdad es que si queremos ser dueños de nosotros mismos y dirigir nuestra vida, debemos adueñarnos de nuestro tiempo y hacer con él lo que debemos hacer.

Esto implica un proceso en el que debemos tener en cuenta tres aspectos fundamentales:

1. La planificación, esta es una etapa relacionada con objetivos bien formulados, realizables, concretos y con tiempos específicos para ser alcanzados. Tener objetivos, nos permite mantener el eje, es decir: pensar, sentir y actuar de manera coherente.

Estos objetivos además deben jerarquizarse. Es importante definir prioridades, otorgar tiempo a cada acción, diferenciar lo importante de lo urgente y viceversa, para no entrar en conflictos innecesarios, respecto a diferentes actividades que se nos presentan. De igual forma, en este proceso, se deben tener en cuenta los imprevistos, de los que estadísticamente se sabe, ocupan el 40% de nuestro tiempo. Por lo tanto nuestra actitud frente al control del tiempo debe ser de apertura y flexibilidad, dando espacio a la reflexión, al descanso, a los “divinos ocios”, pues el tiempo no es un enemigo, es nuestro mejor aliado si sabemos planificarlo. El tiempo que se dedica a la planificación, no es tiempo perdido siempre y cuando sigamos el derrotero de lo planificado. Es evidente, que para poder darle ritmo al tiempo hay que disponer de tiempo.

2. La confrontación, esta se da de manera paralela y nos permite el control de objetivos aquí y ahora. Nos posibilita ver si actuamos bajo la ley del menor esfuerzo: es decir, si empezamos por lo más fácil o por lo que más nos gusta sin atender prioridades; si postergamos lo planificado, o si hemos tenido en cuenta las interrupciones para minimizarlas, o si es el caso enfrentarlas de manera inteligente, lo cual es complejo por la tendencia que tenemos al circunstancialismo para evaluar las propias acciones.

Esta confrontación de manera inteligente, requiere que nos hayamos ejercitado en la auto observación, que hayamos aprendido a mirarnos objetivamente por dentro, analizando nuestras emociones y pensamientos, poco a poco hasta llegar a trabajar con nosotros mismos desde dentro, como si fuéramos uno más de los objetos externos sobre los cuales podemos actuar. De igual manera esta confrontación necesita que hayamos ejercitado nuestra atención voluntaria, aquella que caracteriza al yo humano y exige un esfuerzo de concentración. Un esfuerzo constante porque para conseguir resultados efectivos es imprescindible una acción consciente y constante, una acción sostenida, positiva y valedera.

3. La evaluación, este paso nos lleva a reconocer si nuestros objetivos y nuestras acciones responden a nuestra misión. La evaluación nos permite ver si estamos recorriendo el amplio sendero de la continuidad en el que no vamos de un lado al otro, ni tampoco seguimos haciendo las mismas cosas una y otra vez, sino que conducimos nuestros pasos en una dirección definida, ampliando la visión hacia los lados, hacia abajo y hacia arriba, encontrando el sentido de esta dirección, ese sentido que debe tener nuestra vida. Ese sentido en el que tengamos el ritmo que tengamos, necesitamos hacer pausas para entrar en nuestro ser interior, donde nacen, viven y se desarrollan los valores humanos auténticos y duraderos y eso necesita tiempo, serenidad y no velocidad.

Es necesario reconocer el valor del tiempo y comprender que como diría Seneca “no es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho” pues si no sabemos lo que queremos, hacia dónde vamos y por qué?. ¿De qué nos sirve el tiempo?

Ahora bien para un uso racional del tiempo proponemos tener presentes los siguientes imperativos:

• Sea organizado. Cumpla con el orden de sus objetivos. • No postergue lo que ya decidió iniciar. • Escriba lo que tiene que hacer. • Comience por lo más difícil. • Termine siempre lo comenzado. • No suponga, cerciórese. • Tenga en cuenta su ritmo biológico. • Haga uso de su programador y de su agenda. No son solo para llevarlos consigo. • Establezca periodos de descanso. • No se justifique ni crea sus propias mentiras: es que no tuve tiempo. • Aprenda a decir no y sobre todo… póngale sentido a todo lo que haga.

Esperanza Joves R.


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