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¿Quieres cambiar al mundo? Cambia primero tus ideas

Actualizado: sep 11


Los mercados como lugares de intercambio social y de mercancías han existido desde siempre en las ciudades, como parte de ellas; pero hoy en la alienación materialista, hemos llegado a considerar que los países son un gran mercado.


El ser humano siempre ha realizado artefactos útiles para la vida material como vestimenta, utensilios, herramientas, armas, muebles, y muchos otros útiles para hacer mejor la vida concreta, pero la vida humana va mucho más allá de una simple supervivencia; hoy se considera como las actividades más importantes producir y consumir. A modo de ejemplo, los ancianos como ya no forman parte del aparato productivo y consumen cada vez menos, comienzan a ser relegados paulatinamente y con eso toda la sociedad pierde la experiencia acumulada y se hace cada vez más inhumana.


Esta preocupación obsesiva y alienada por la producción y el consumo ha llevado a relegar aquellos aspectos que hacen al ser humano verdaderamente humano y no simplemente un ganado o una jauría.


Es curioso que se piense que el dinero es el motor de la sociedad y de las personas, cuando está a la vista que cualquier persona aquejada por una enfermedad cambiaría sin problemas su fortuna por salud. Cuando unos padres ven que alguno de sus hijos se ha ido por un mal camino ya sea que ha caído en la drogadicción o en el delito, cambiaría gustoso su fortuna para recuperar la virtud de sus hijos y lo mismo sucede en los matrimonios y otras relaciones familiares.


Nadie, salvo uno que otro enfermo, está dispuesto a dar su vida por el dinero, sin embargo, miles de hombres y mujeres han dado su vida por un Ideal, por una religión, han consagrado su vida a la ciencia o al arte, sin necesidad que los estén motivando a cada momento, porque esos motores son los motores del alma, muchos más poderosos y perdurables que la ambición o el egoísmo.


Hace 25 siglos Platón en su diálogo Las Leyes escribió que hay tres clases de bienes, los bienes del alma, los bienes del cuerpo y la hacienda. Los tres son bienes, pero guardan una relación de jerarquía entre ellos y al organizar una sociedad, hacer su legislación, nos dice el filósofo, hay que primero tomar en consideración los bienes del alma que son las virtudes, luego los bienes del cuerpo que es la salud y finalmente la hacienda que es el crecimiento económico.


En nuestra sociedad hemos hecho justamente lo contrario y los resultados nos muestran que hemos equivocado el camino, tenemos muchos aparatos, explotamos en forma inmisericorde nuestro planeta olvidándonos que es una biosfera limitada, con algunos recursos renovables, pero también con otros que son finitos.


Pero hemos olvidado los grandes Ideales: “Esta falta de grandes Ideales y de grandes visiones, ha encuadrado al hombre en las pequeñas trincheras de ideales pequeños y de visiones de pesadilla”. Jorge Ángel Livraga


Nos hemos desconectado de la Naturaleza y nos hemos desvinculado de los Ideales, por eso hay hoy en día un gran temor por el futuro, cuando una sociedad o una persona, está fuerte y sólida, planifica y construye su futuro; cuando está débil y desorientada solo trata de adivinarlo y ruega porque no sea muy tremendo.


“No se analiza la función del Hombre en el Cosmos ni sus relaciones con la Naturaleza, sino sus instintos, sus costumbres, sus temorcillos y cosquilleos espirituales. No se construye pensando en el porvenir, no se elaboran escalones grandiosos para los pasos augustos de los siglos, sino suaves colinillas de arena que sirvan unos pocos años. Mañana… ¿quién cree, quién sabe si existirá un mañana?” Jorge Ángel Livraga

Actualizando ideas


Es evidente que las ideas con que estamos manejando la sociedad ya no funcionan, pasados los primeros entusiasmos de una creciente sociedad de consumo desaforada, ha llegado la hora de pagar la cuenta y el costo está resultando muy alto, hemos ensuciado el aire, los mares, los ríos, los bosques, ya quedan pocos lugares en la tierra donde no estemos esparciendo basura. Estamos acabando a pasos agigantados con recursos no renovables, los hidrocarburos y las fuentes de agua al alcance de la sociedad humana tienen los años contados. Hay millones de personas que mueren de hambre cada año y muchos más los que viven en la miseria. Y todo esto ¿para qué?


Hay sociedades o sectores de ella muy ricos, otros tratando de vivir decorosamente, muchos apenas sobre la supervivencia y demasiados ya bajo esa línea, para vergüenza de todos.

Pero también han aumentado otras formas de contaminación, más sutiles, pero no por eso menos violentas y dañinas. La angustia y el desconcierto llenan nuestras ciudades, todo el mundo corre, pero no está claro para qué. Aunque es obvio que un grupo de personas trabajando mancomunados pueden lograr hechos portentosos, hoy hay una cultura en que todos compiten contra todos, todos buscan ganar a los demás, ya no es la inteligencia y la bondad la guía de las acciones sino la ambición y el egoísmo y eso va vaciando los corazones, por eso nuestra época tiene el record histórico en la cantidad de alcohólicos, de drogadictos y de otras adicciones que se cuentan por muchos millones.


No solo existe este vacío del corazón sino que se ha olvidado hasta como llenarlo, algunos tratan de estar siempre entretenidos para no sentirlo y otros comienzan a medicarse para dormir o salir de la depresión y los más graves caen en el alcohol y las drogas. Pero nada de eso resuelve esa vacuidad que se hace cada vez mayor.


Ha llegado la hora de actualizar nuestras ideas y de volver a comprender que la cultura entendiendo por ello la política, el arte, la religión y la ciencia, existen para promover el desarrollo de lo humano, es decir las potencialidades latentes, las virtudes.


Luego de muchos años ya hemos llegado, como sociedad, a comprender que si queremos construir el futuro necesitamos contar con hombres y mujeres sanos, honestos, valientes, fuertes y generosos. La época de los enfermos, sinvergüenzas, cobardes, débiles y egoístas ha tenido un costo muy alto y no podemos dejar esa herencia a las futuras generaciones.


Actualizar las ideas es despertar el filósofo que todos llevamos dentro, hacernos nuevamente esas preguntas fundamentales y tener el valor de buscar las respuestas, aunque eso signifique que debemos cambiar y modificarnos, porque en ese cambio está la renovación. Si nos renovamos constantemente, seremos capaces de construir el futuro y hacer un Mundo que no solo sea Nuevo sino Mejor.

Por Leonardo Santelices

Director Nacional

Nueva Acrópolis Ecuador


Nota: En Nueva Acrópolis realizamos actualmente nuestros cursos de filosofía online.

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